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Justicia restaurativa y dignidad en las prisiones: cuando los enfoques centrados en la víctima encuentran un espacio seguro.

hace 4 días
4 min de lectura
Foto: Privat
Foto: Privat

Mi artículo sobre mi trabajo en dignidad y justicia restaurativa (diálogos en círculo) se publicó en el portal de capellanía penitenciaria el 18 de septiembre de 2026. Me complace no solo poder compartir mis experiencias prácticas, sino también porque pone de relieve un tema que me preocupa profundamente desde hace muchos años: la dignidad de las personas que han sufrido delitos y de quienes los han cometido. El artículo se publicó originalmente en su versión más íntegra en Spektrum Mediation, número 99/25.



Me complace enormemente esta publicación y aprovecho esta oportunidad para expresar mi sincero agradecimiento a Michael King, capellán de la prisión de Herford y editor del portal de capellanía penitenciaria. Gracias, Michael, por dar visibilidad a este tema y contribuir al debate público sobre la justicia restaurativa y la importancia de tratarnos con dignidad, también dentro del sistema penitenciario.


¿Qué significa la dignidad cuando una persona ha sido víctima de un delito? ¿Cuando se pierde la seguridad, quedan preguntas sin respuesta y las consecuencias de un acto alteran permanentemente la vida de una persona? ¿Y qué significa la dignidad para quien ha cometido un delito y está encarcelado por ello? ¿Para quien debe asumir la responsabilidad de sus actos sin ser reducido a su crimen?

Estas preguntas son fundamentales para mi trabajo con los diálogos de justicia restaurativa en el sistema penitenciario. Los procesos penales estatales son necesarios, ya que aclaran la responsabilidad legal y constituyen la base de una respuesta jurídica. Sin embargo, las preguntas personales que surgen tras un delito no siempre se responden con un veredicto. ¿Qué me sucedió? ¿Cuáles son las consecuencias del acto para mi vida? ¿Se reconocen y se toman en serio mis experiencias? ¿Y cómo puede una persona que ha perjudicado a otros empezar a afrontar las consecuencias de sus actos?

La justicia restaurativa abre un espacio adicional donde se pueden abordar estas cuestiones. No como un sustituto del derecho penal, ni como una relativización de la responsabilidad, sino como un complemento que sitúa a las personas, sus necesidades y las consecuencias de sus actos en el centro.


Con mi concepto “Trabajo Orientado a Personas Mayores en Prisiones (BoAS)”, he estado desarrollando y apoyando procesos de justicia restaurativa en prisiones y asesorando a instituciones desde 2016.


En los diálogos circulares, se reúnen reclusos, víctimas de delitos y miembros de la sociedad que no son ni víctimas ni responsables del delito. Los participantes no han experimentado el mismo delito en conjunto. Por lo tanto, no se trata de un encuentro directo entre una víctima y la persona que la perjudicó específicamente. Esta distinción es fundamental, ya que permite dialogar sobre las consecuencias del delito, la responsabilidad, la vulnerabilidad y la convivencia social sin exponer a las víctimas a una confrontación directa con el responsable.

Las reuniones conjuntas se preparan meticulosamente. La participación voluntaria, la seguridad psicológica, un entorno sensible al trauma y el apoyo profesional son requisitos esenciales. La participación es voluntaria; nadie está obligado a revelar experiencias personales ni a seguir un proceso específico. Se brinda a las personas afectadas un espacio para expresar sus experiencias y las consecuencias de los delitos cometidos. Los reclusos pueden afrontar el impacto de sus delitos y asumir la responsabilidad. Los miembros de la sociedad que participan aportan una perspectiva adicional y destacan que los delitos afectan no solo a los individuos, sino también a la cohesión social.


Para mí, la justicia restaurativa no significa disolver la culpa o la responsabilidad, ni cuestionar las consecuencias. Se trata de fomentar una responsabilidad que vaya más allá del mero reconocimiento de una condena penal. La responsabilidad se concreta cuando las personas pueden afrontar las consecuencias de sus actos, escuchar, responder preguntas y comprender otras perspectivas. Donde a nadie se le impone qué sentir o decir, sino que se crea un espacio seguro que permite un diálogo profundo. Al mismo tiempo, la perspectiva de las personas afectadas no debe quedar eclipsada por el mandato de resocialización del sistema penal. Sus traumas, necesidades y preguntas merecen atención, independientemente de su disposición a dialogar.


La dignidad no es un privilegio que deba ganarse mediante una conducta impecable. Es inherente a todo ser humano. Sin embargo, reconocerla no significa justificar cualquier comportamiento. Al contrario: precisamente cuando tomamos en serio a las personas como individuos responsables, podemos confiar en que reflexionarán sobre sus actos y sus consecuencias.


La implementación de la justicia restaurativa en el sistema penitenciario no se logra solo con un concepto. Requiere personas dispuestas a probar nuevos enfoques, reflexionar sobre los límites institucionales y reunir diversas perspectivas profesionales.


En mi trabajo, constato repetidamente la importancia de la colaboración con el personal de los centros penitenciarios. Los servicios sociales, los servicios psicológicos y el servicio de capellanía pueden aportar su experiencia y conocimientos para contribuir a la correcta elaboración de estos procesos.

Esto requiere apertura, tiempo y condiciones adecuadas. Y requiere la voluntad de reconocer la dignidad de las personas, incluso cuando los prejuicios sociales suelen dominar la percepción.

Me complace enormemente que el servicio de capellanía penitenciaria aborde estos temas con su propia publicación. El intercambio entre la práctica, la capellanía, la academia y el poder judicial es crucial para que la justicia restaurativa no se quede en un mero concepto teórico, sino que pueda desarrollarse como una posibilidad concreta dentro del sistema penitenciario. Por ello, agradezco sinceramente a Michael King esta publicación y por visibilizar estos temas. Espero que esta contribución suscite nuevos debates, fomente nuevas conexiones y nos anime a desarrollar de forma colaborativa un trabajo centrado en las víctimas dentro del sistema penitenciario. Porque detrás de cada delito hay personas y sus historias de vida. Para mí, reconocer su dignidad, abordar seriamente su trauma y ofrecerles la oportunidad de asumir la responsabilidad son componentes esenciales de un sistema de justicia que no se limita al castigo.



 
 
 

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